Sustituir la lana no consiste solo en buscar una etiqueta que indique el mismo grosor. Empieza por el tipo de tejido que necesitas: elástico o con caída, estructurado o suave, cálido o ligero.

A continuación, compara la lana original y la candidata por su estructura y composición de fibra. Un merino liso se comporta de forma distinta a una mezcla de alpaca esponjosa, incluso si las etiquetas sugieren un grosor similar.

Por último, teje una muestra con la lana elegida usando el punto del patrón. Tu muestra es la prueba definitiva de que la lana sustituta es adecuada para el proyecto que deseas tejer.